«Se marca la diferencia y no la semejanza»
Nov
2006
Entrevista a Elena Herrera, publicada en el Norte de Castilla el 8 de Noviembre de 2006.
El programa Talleres de la Imaginación de Asprona ha realizado en el centro asistencial de Laguna de Duero una iniciativa pionera con el apoyo 61 hermanos y amigos de personas con discapacidad intelectual. El encuentro ha servido para dejar patente que este colectivo juega un papel fundamental en la determinación de los derechos y deberes. La psicóloga Elena Herrera, toda una institución en la materia, se ha encargado del seminario ‘¿Cómo leveo, cómo le ven?’.
-¿Se trata de romper prejuicios?
-La verdad es que sí, porque hasta ahora se pensaba que solo los padres eran los defensores y sin embargo los hermanos han levantado la mano y han dicho que quieren formar parte de las decisiones. Es una excelente noticia.
-¿Y los padres están dispuestos a aceptar esos nuevos roles?
-En parte. Los hermanos se quejan con todo el cariño y respeto de que sus padres a veces tenían la tendencia a sobreproteger a los hijos y ellos se veían un poco en una encrucijada, porque debían convencer a los padres para que dejaran más espacio de libertad, autonomía e independencia. Piensan en definitiva que los padres por exceso de amor estaban sofocando las potencialidades de las personas con discapacidad y creo que en parte tienen razón.
-¿La integración plena es hoy posible?
-Se ha hecho mucho, pero queda mucho por hacer. Todavía hay mucho prejuicio, especialmente con la discapacidad intelectual, y vemos como algo no natural que estas personas puedan participar en todos los ámbitos de la sociedad. Marcamos mucho las diferencias y poco las semejanzas. Ahora lo importante es que, además de ese esfuerzo asistencial que organizaciones como Asprona están realizando, hablemos también y demos prioridad a los derechos como ciudadanos.
-¿Cuál es el papel que deben jugar los hermanos de una persona con discapacidad?
-Pienso que un buen papel que pueden elegir es el de ser mediadores entre las familias y la sociedad en el sentido de que puedan acompañar a los padres y hacer que se sientan menos culpables. Porque existe la tendencia especialmente de las madres a pensar que si su hijo se va a vivir a una residencia o a un piso no están cumpliendo con su función. La discapacidad nunca puede ser un pretexto para impedir la independencia, aunque esté encamado, en silla de ruedas o necesite supervisión veinticuatro horas.



